El bruxismo se define como “una actividad muscular masticatoria repetitiva caracterizada por mantener con fuerza una determinada posición mandibular y empujar como mover con fuerza la mandíbula hacia adelante o lateralmente, ambas actividades sin la presencia necesaria de contacto dental” . Es un fenómeno generalizado que puede afectar a alrededor del 20% de la población adulta y al 33% de los niños.
Estas fuerzas de mayor intensidad, duración y frecuencia, se transmitirán tanto a los dientes como a los tejidos de soporte que constituyen el periodonto, incluido el hueso alveolar, y tendrán diferentes tipos de repercusiones. Así, estas cargas pueden inducir una modificación arquitectural del tejido óseo mandibular. Este fenómeno fue descrito por Wolff en 1892. La ley de Wolff establece que el hueso es capaz de adaptar su estructura cortical y trabecular externa de acuerdo con las cargas a las que está sometido. A partir de estas modificaciones, pueden formarse protuberancias óseas benignas llamadas exostosis, bien sea ubicadas en mandíbula, maxilar o vestíbulo bucal.


Los factores etiológicos que la mayoría de los investigadores coinciden en que causan exostosis son el traumatismo oclusal y las consideraciones nutricionales, ambientales y genéticas. En el caso presentado, el paciente tenía antecedentes de bruxismo que podrían considerarse un factor de recurrencia de los torus. Además, los cortes ortorradiales y coronales muestran claramente facetas de desgaste en la superficie oclusal de varios dientes lo que indica que el bruxismo, la atrición y el traumatismo oclusal asociados persisten.


Cortes et al. analizaron la estructura ósea mandibular y afirmaron de manera concluyente que los pacientes que reportaron hábitos orales parafuncionales (como bruxismo, atrición dental y trastornos de la articulación temporomandibular [TTM]) presentan una estructura ósea mandibular diferente. Encontraron que aquellos con mandíbulas más cuadradas tienen una mayor tendencia a desarrollar torus mandibular.
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